Cada año sabemos que llega la Navidad, pero debemos actualizarnos, porque el día a día nos acaba tapando o distorsionando lo esencial. La preparación de la Navidad tiene que ser auténtica. No vale adornar la casa y las calles de luces si nuestro corazón está apagado. La amistad, la concordia, la paz,…deben ser reales y debemos empezar dentro de nuestra propia familia.

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