
Este cartel plasma de forma visual y directa la esencia del lema de este curso. En primer plano, el ojo de un joven se convierte en la ventana del alma y en el reflejo de nuestra actitud ante la vida. En su pupila no se reflejan las pantallas ni las preocupaciones cotidianas, sino la imponente cruz de cuatro brazos de Antoni Gaudí recortada contra un cielo luminoso.
La imagen nos recuerda que nuestros ojos están hechos para la luz, para el asombro y para buscar horizontes altos. La cruz, situada estratégicamente en la base del cartel y reflejada en el ojo, no es un símbolo de sufrimiento cerrado, sino un eje abierto que conecta las cuatro dimensiones esenciales de nuestra existencia: la trascendencia (arriba), la identidad (dentro), la fraternidad (los demás) y el compromiso (el mundo).
El cartel es, en definitiva, una invitación a vivir despiertos, a enfocar la mirada en lo que de verdad importa y a descubrir que, cuando levantamos la cabeza, el mundo entero se convierte en un espacio para amar y transformar.




