La Casa de Dios y nuestra casa. Un espacio físico para reunirnos como comunidad cristiana y celebrar nuestra fe. Una casa que acoge a todos sin diferencia alguna; un lugar para hablar con Dios y para escuchar su Palabra, que nos da fuerza para seguir adelante, sobre todo en este año
tan complicado que estamos viviendo con la pandemia. Un espacio sagrado, que, como dice Jesús, merece el respeto y la devoción, diferenciándolo de otros espacios profanos. Que este tiempo de Cuaresma nos ayude a valorar y a hacer que nos acerquemos más seguido a la iglesia, casa de Dios y nuestra.

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