Después de ir en busca del “corazón de oro” durante la Cuaresma, nos damos cuenta que lo que realmente importa no es lo material, sino las personas que nos rodean y lo que éstas nos hacen sentir. Haber encontrado el tesoro que buscábamos nos proporciona amor, alegría, paz...con las personas que están a nuestro lado y junto a Jesús.

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